lunes, 4 de abril de 2011

Sobre sus labios y sus mejillas






- No lo sé, Diego. Sencillamente no lo sé. A veces me canso de pensar y me gustaría relajarme, dejarme llevar. Confiar en el destino o en el karma, aunque parezca que el karma me la tenga jurada. 

Yo escuchaba tranquilo. La terraza, la cerveza y las palabras eran las de siempre.  A nuestro alrededor un murmuro incesante hacia de banda sonora de los primeros días de la primavera. La gente parecía dividirse entre los que intentaban robar los primeros rayos al mes de Abril y los que redescubrian el placer de tomar un aperitivo mientras fumaban. Disfrutaban de conversación con no fumadores, de igual a igual. Parecían haberse concedido una tregua por un día.

- Otras veces no, a veces busco aferrarme al plan, no salirme del camino. Pero ¿Sabes que? ya no hay plan, hace muchos años que no hay plan. Y el camino nos pilla lejos, muy lejos.

Sus gestos no parecían acompañar a sus palabras. Estaba sonriente y relajada. También observaba a la gente. Sus ojos parecían inquietos, como si buscaran respuestas. Su mirada no reflejaba tristeza, nunca aprecie tristeza en ellos, como mucho algo de cansancio.

- Y no me quejo eh! o bueno no debería - reía a sabiendas de la incongruencia - Me gusta mi trabajo, esa es la verdad. Disfruto. Quizá me podían valorar un poco más pero los que mandan, bueno los que mandáis jeje, no sé para que queréis ojos en la cara. Al menos ahora confían en mi. Y viajo, no es que me de tiempo a disfrutarlo, pero conozco lugares nuevos, y gente interesante. aunque a la hora de la verdad cada uno va a lo suyo. Aunque muchos ni si quieran saben que es lo suyo!

Y volvió a sonreír. Esta vez con más euforia. Podría haber sido una carcajada pero es no era del tipo de chica que suelta carcajadas.

Me miro en busca de complicidad. Luego siguió mi mirada que estaba fija en una pareja justo detrás suyo. La chica jugueteaba con el móvil despreocupada, era morena y llevaba unas gafas de sol que le cubrían gran parte de la cara. Combinaba unos vaqueros ajustados con una blusa holgada que realmente resaltaba su atractivo. Él llevaba una camiseta ajustada que delataban algunas horas de gimnasio y alternaba su mirada entre su refresco y mi compañera. 

- ¿Te acuerdas de la teoría que me contaste una vez? ¿La de los pies fríos? Pues después de mucho tiempo creo que no es verdad. O quizá sí. Pero no del todo. Duermo casi todos los días con mi novio y puede que las mujeres busquemos eso, pero desde luego no es lo único que buscamos.

 La tercera vez que la mirada del chico de enfrente se encontró con la mía la aparto de inmediato. Las dos primeras sonrió buscando algún tipo de complicidad, supongo. Pero no me apetecía ser su cómplice aquella mañana.

- Desde luego echo de menos la pasión. Hace mucho que la echo de menos. Siempre preferí la discusión a la indiferencia. Cierto civismo claro, pero mi casa no puede ser el congreso de los diputados, o no debería serlo. Prefiero una pelea. Con sus gritos, sus besos y su reconciliación. Quiza sea lo que quiero. Aunque tener los pies calientes esta bien, supongo.

Y seguimos conversando un par de cervezas más. La noche empezaba a refrescar y nos despedimos.

- tenemos que quedar más a menudo - dijo mientras me acariciaba cariñosamente.

No lo haremos. Nunca lo hacemos. Le di un solo beso, fuerte y sonoro, en la mejilla. Suelo hacerlo. Es mi forma de demostrar aprecio más allá de la cortesía.

Después cada uno nos dirigimos hacia nuestro coche. No me volví , ella nunca lo hace.

Camine despacio, pensando en la conversación. Pensando en todo lo que me había dicho y en lo que yo había callado. Pensando en lo que no le dije porque no me atrevía a decir.

Pensando en lo mismo que pensé cuando la conocí. Pensando que era una chica de esas cuyos labios sabían mucho mejor que sus mejillas.














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